DOCUMENTOS

La Influencia de la Iglesia Evangélicas en Iberoamérica
Declaración de la Asamblea de 2025 de la Alianza Evangélica
La Alianza Evangélica Latina, organización internacional que agrupa a las principales entidades de representación evangélica de 22 países iberoamericanos ha reflexionado en su asamblea anual de 2025 celebrada en la ciudad de Cartagena de Indias, Colombia, sobre los aportes de las iglesias evangélicas en los países donde estamos ubicados y también sobre la necesidad de avanzar y mejorar nuestra ayuda y servicios a nuestras comunidades y a la sociedad en los diferentes países donde hay una relevante presencia de la Iglesia cristiana evangélica. Por ello se ha aprobado la siguiente declaración que consta de tres partes:
Primera parte. El aporte e influencia de las Iglesias cristianas evangélicas
Las Iglesias Evangélicas en la Historia de los Países de Iberoamérica
Las iglesias evangélicas han contribuido a la afirmación y desarrollo de nuestros países en muchos casos con participación activa en los procesos de la independencia, el fomento y desarrollo de la educación escolar, creando e implementando escuelas desde el siglo XIX, impulsando y promoviendo la libertad de culto y con ello también la libertad de expresión y la libertad de conciencia, así como el fomento y desarrollo de los deportes, el fortalecimiento de las identidades de los pueblos originarios generando la fijación escrita de los idiomas nativos; la promoción y la atención en el campo de la salud por medio de hospitales y clínicas, formación profesional y el voluntariado, entre otras contribuciones.
El aporte actual de las Iglesias cristianas evangélicas
Las Iglesias Evangélicas de Iberoamérica procuran hoy vivir y aplicar en nuestras comunidades eclesiales los principios del Evangelio de Jesucristo y perseverar en la proclamación de su mensaje de salvación, que ha alcanzado a millones de personas dándoles esperanza en la verdad de la Palabra y promesas de Dios. Este testimonio también ha contribuido a su mejora social y de su entorno familiar y en consecuencia ha dado lugar a un crecimiento sostenido desde hace más de 10 décadas de la iglesia en toda la región, generando un aporte e influencia tangible, espiritual y social en múltiples ámbitos, entre ellos:
- Crecimiento comunitario con impacto social
En 1910, apenas el 1% de la población en Iberoamérica se identificaba como evangélica. Sin embargo, en el año 2014, ese porcentaje había crecido significativamente, alcanzando el 20% de la población regional. Hoy en día, en algunos países de Centroamérica, la presencia evangélica ha superado el 50% según diferentes sondeos, consolidándose como una de las expresiones religiosas más irelevantes en la vida social, cultural y espiritual.
La expansión constante de congregaciones evangélicas ha acercado el mensaje de fe y esperanza a sectores históricamente marginados. La Iglesia ha ofrecido espacios de contención y desarrollo en barrios, pueblos y zonas rurales donde muchas veces otras instituciones de los estados no han logrado intervenir con suficiente eficacia. La Alianza Evangélica Latina reconoce el aporte en todos estos años de las iglesias evangélicas en la transformación espiritual, social y cultural en múltiples comunidades a lo largo de Iberoamérica. - Compromiso ético y solidario
Mediante el ejercicio activo de valores cristianos como la compasión, la justicia y la misericordia, la Iglesia Evangélica ha promovido iniciativas sociales que atienden a personas en situación de vulnerabilidad, fomentando una cultura de responsabilidad y servicio comunitario. - Promoción educativa con valores morales cristianos
A través de programas de alfabetización, formación ética y educación bíblica, la Iglesia ha contribuido a fortalecer el tejido moral y cultural de las nuevas generaciones. Sus esfuerzos formativos se han convertido en herramientas de transformación personal y colectiva. - Asistencia integral y restauración familiar
Las congregaciones evangélicas brindan apoyo espiritual, asistencia tangible, acompañamiento en procesos de salud mental y emocional en contextos de crisis, especialmente en la defensa de la vida, la niñez, la juventud y la familia, y contra la violencia doméstica, las adicciones y el abandono. Su presencia ha sido clave en la reconstrucción de vínculos familiares y en el acompañamiento psicosocial. - Participación en asuntos públicos
Sin pretensión político partidista de las iglesias, ciudadanos evangélicos han participado en diferentes opciones políticas expresado en el ámbito del legislativo, ejecutivo y judicial una voz ética en debates sociales y políticos, contribuyendo junto con otros a la reflexión sobre derechos humanos, justicia, equidad y libertad religiosa. Su incidencia ha reafirmado la importancia de lo espiritual en la vida democrática. - Renovación cultural desde la fe
La Iglesia Evangélica ha contribuido en la revitalización expresiones culturales autóctonas y promovido una espiritualidad contextualizada que dialoga con las realidades locales, enriqueciendo las identidades de comunidades indígenas, afrodescendientes y rurales. Un ejemplo de ellos es la traducción de la Biblia y otras literaturas en lenguas originarias. - Oferta constructiva de una vivencia religiosa en comunidad
Las iglesias evangélicas en Iberoamérica se han constituido en una parte viva del cuerpo de Cristo, en medio, en muchas ocasiones de pueblos heridos, esperanzados y resilientes. Nuestras congregaciones locales son conscientes del complejo contexto que enfrentan las personas y familias de nuestras naciones: desigualdad, violencia, polarización, crisis de fe, desafíos generacionales entre otros. Pero también reconocen que, en medio del dolor y la necesidad, Dios sigue obrando hoy con misericordia y poder y por ello procuramos constituir comunidades de fe donde se pueda vivir en familia y experimentar la presencia transformadora de Dios en cada uno de nosotros y nuestro entorno. En ocasiones la iglesia ha tenido que pagar un precio por su vocación en favor de la paz y la convivencia. También somos conscientes de que debemos identificar conductas y protegernos de aquellos que desean utilizar la fe en beneficio propio y centrarnos en progresar en la vida cristiana que Dios espera de nosotros y para la cual nos ha prometido su presencia y ayuda constante.
Segunda parte: El compromiso de La Alianza Evangélica Latina (AEL).
La AEL procura ser un instrumento de ayuda en la implementación y mejora de estos principios. Creemos firmemente que el Evangelio de Jesucristo sigue siendo la buena noticia para cada persona, cada familia y cada ciudad. Por eso, reafirmamos nuestro compromiso de proclamarlo con claridad, vivirlo con integridad y servir con compasión y de trabajar en favor de esforzarnos en favor de fortalecer y visibilizar la unidad de la iglesia Nuestro testimonio no pretende sustentarse en logros humanos ni en estructuras institucionales sino en la fidelidad al mensaje de Cristo y en el poder del Espíritu Santo.
Nuestra Convicción es que el Evangelio es una fuerza viva que transforma el alma, la cultura la conducta y la historia. En Cristo encontramos redención, propósito y poder para servir. Por eso, renovamos nuestra misión de ser luz en medio de la oscuridad espiritual, sal para prevenir la decadencia, y manos extendidas en situaciones de dolor.
Tercera parte. El desafío a la iglesia evangélica para reafirmar su compromiso.
Un compromiso renovado con la integridad del mensaje del Reino de Dios sigue siendo vigente en este tiempo crucial para Iberoamérica, abrazando con pasión su llamado a ser comunidades vivas en el Espíritu de Dios. Iglesias que sanen las heridas del alma, enseñen con sabiduría, discipulen con amor, cuiden con compasión y celebren con gozo la obra redentora de Cristo.
Animamos a mirar las realidades de nuestros tiempos con ojos de fe, discerniendo, con
claridad espiritual sin caer en el temor paralizante ni en la indiferencia cómoda. Hoy más
que nunca, la iglesia está llamada a ser Sal que preserva la verdad y da sabor a la vida, Luz
que ilumina caminos en medio de la oscuridad, Profecía que denuncia el pecado y anuncia
esperanza, Consuelo para los quebrantados y marginados, Verdad que libera y Ternura que
restaura.
Este es el tiempo de la iglesia, para manifestar el Reino con poder, humildad, amor y servicio
y no para esconder su luz y su mensaje. Nos esforzaremos para que cada congregación en
Iberoamérica sea un faro que refleje el carácter de Cristo y transforme su entorno.
Que esta declaración sirva como una guía clara y oportuna para las iglesias evangélicas de
Iberoamérica en tiempos de incertidumbre. Que contribuya a renovar la visión y fortalecer
el compromiso con la misión, ofreciendo orientación en medio de los desafíos actuales.
Asimismo, que promueva la unidad entre nuestras diversas expresiones eclesiales,
afirmando nuestra común fe en Jesucristo y nuestra responsabilidad compartida ante el
Reino de Dios.
Que nos convoque a la oración ferviente y eficaz, la acción valiente y el discernimiento
espiritual profundo. Que marque el inicio de un nuevo tiempo de madurez eclesial, donde
la iglesia ejerza una presencia pública responsable, guiada por la ética del Reino, y
comprometida con las Escrituras y la misión integral.
Este es nuestro llamado: ser iglesia con propósito, con pasión y con poder. Que esta
declaración no solo se lea, sino que se viva.
Conclusión:
La influencia de la Iglesia Evangélica en Iberoamérica es una expresión viva de su misión integral: anunciar esperanza, transformar realidades y restaurar corazones. Celebramos su papel como agente activo de cambio en la construcción de sociedades más justas, solidarias y espiritualmente conscientes de su misión y nos comprometemos a mejorar y progresar en la encarnación de la fe y en el testimonio de nuestro Señor Jesucristo.
«No por fuerza ni por poder, sino por Mi Espíritu, dice el Señor de los Ejércitos.» (Zacarías 4:6)

