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CUATRO PASTORES, UN MISMO BARRIO:ENCUENTROS Y DESENCUENTROS EN LA MISIÓN DE LASCOMUNIDADES ECLESIALES DE BASE EN PETARE

Cuatro pastores, un mismo barrio: Encuentros y desencuentros en la misión de las Comunidades Eclesiales de Base en Petare


Didier Hayraud  ·  Blas Márquez Bernal CMF  ·  Matías Camuñas Marchán OD  ·  Bruno Renaud


Autor: Jorge Peña

A modo de introducción

Este artículo de investigación pastoral analiza la trayectoria, la espiritualidad y el aporte a las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) de cuatro sacerdotes y misioneros que ejercieron su ministerio en Petare, uno de los sectores populares más densamente poblados de Caracas, Venezuela: Didier Hayraud (Hijos de María Inmaculada), Blas Márquez Bernal CMF (Misioneros Claretianos), Matías Camuñas Marchán OD (Dominicos) y Bruno Renaud (misionero francés). A partir de fuentes primarias —entre ellas una entrevista publicada en la revista Presencia Ecuménica (N° 70, septiembre-diciembre 2010) y testimonios escritos— y de fuentes secundarias disponibles, se identifican los puntos de encuentro que los unen como evangelizadores insertos en la realidad popular, así como los matices que diferencian sus énfasis pastorales, sus espiritualidades de origen y sus métodos de acción comunitaria. El trabajo concluye que, más allá de sus diferencias congregacionales y metodológicas, los cuatro coincidieron en hacer de las CEBs el centro articulador de una pastoral liberadora, con Petare como territorio privilegiado de encarnación misionera.

Palabras clave: Comunidades Eclesiales de Base, Petare, teología de la liberación, opción por los pobres, misión popular, Venezuela.

Petare como territorio teológico

Petare no es solo un nombre en el mapa de Caracas. Es un territorio donde la pobreza, la creatividad popular y la fe se han entretejido durante décadas para producir algunas de las experiencias eclesiales más significativas de Venezuela. Desde finales de la década de 1960, y con renovado impulso tras la Conferencia de Medellín (1968) y la de Puebla (1979), diversas congregaciones religiosas enviaron a sus miembros a insertarse en los barrios pobres con una consigna clara: no venir como salvadores, sino como hermanos y compañeros de camino.

Entre los muchos hombres y mujeres consagrados que respondieron a ese llamado, cuatro nombres sobresalen por la profundidad de su huella en las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) de Petare y su entorno: el sacerdote francés Didier Hayraud, el claretiano español Blas Márquez Bernal, el dominico español Matías Camuñas Marchán y el misionero francés Bruno Renaud. Cada uno llegó con una espiritualidad específica, una congregación distinta y un estilo propio; sin embargo, el territorio y la opción fundamental por los pobres los convirtieron en figuras complementarias dentro de un mismo proyecto pastoral.

El presente artículo se propone tres objetivos: (1) reconstruir el perfil biográfico y pastoral de cada uno de estos cuatro sacerdotes; (2) identificar los puntos de encuentro que comparten como evangelizadores populares; y (3) señalar los matices y desencuentros que singularizan la contribución de cada cual. El énfasis final recae sobre su aporte específico a las CEBs de Petare, entendidas como laboratorio eclesial y semilla de una sociedad más justa y fraterna.

Marco teológico-pastoral: las CEBs y la Iglesia de los pobres

Las Comunidades Eclesiales de Base surgieron en América Latina a mediados del siglo XX como una respuesta eclesial creativa a la pobreza masiva y a la búsqueda de una Iglesia más fiel al Evangelio. La Conferencia de Medellín (1968) las reconoció como célula inicial de la Iglesia y expresión privilegiada de la evangelización liberadora. Como señala el documento conclusivo de esa Conferencia:

La comunidad cristiana de base es así el primero y fundamental núcleo eclesial, que debe en su propio nivel, responsabilizarse por la riqueza y expansión de la fe, como también por el culto que es su expresión. Ella es, pues, célula inicial de estructuración eclesial y foco de evangelización y actualmente factor primordial de promoción humana y desarrollo. (CELAM, 1968, p. 15)

En Venezuela, las CEBs se desarrollaron con particular vigor en los barrios de Caracas —especialmente en Petare, la zona metropolitana de Maracaibo, Barquisimeto y San Félix— de la mano de religiosos y religiosas comprometidos con la teología de la liberación.

La dinámica propia de las CEBs combina tres momentos inseparables: la lectura popular de la Biblia (ver), el análisis de la realidad social (juzgar) y el compromiso transformador (actuar). Boff (1986) describe ese proceso como una genuina reinvención eclesial desde abajo:

Las comunidades de base constituyen una nueva forma de ser Iglesia. No representan una fractura o división dentro de la Iglesia, sino un enriquecimiento y una renovación en cuanto al modo en que la Iglesia existe y expresa su fe en el mundo de los pobres. (Boff, 1986, p. 34)

Este método, deudor también de la pedagogía de Paulo Freire, convirtió a las comunidades de base en espacios donde los pobres dejaron de ser objetos de caridad para convertirse en sujetos de su propia liberación. Freire (1970) había afirmado que «nadie educa a nadie, nadie se educa a sí mismo, los hombres se educan entre sí, mediatizados por el mundo» (p. 69), principio que las CEBs adoptaron como eje metodológico. En ese proceso, el papel del animador —sacerdote, religioso o laico— fue crucial: no el de dirigir, sino el de acompañar, facilitar y sostener.

Es en ese marco donde se inserta la figura de los cuatro sacerdotes que este artículo estudia. Todos ellos, desde distintas tradiciones espirituales y metodológicas, abrazaron ese modelo de Iglesia popular y lo enraizaron en la geografía concreta de Petare.

Didier Hayraud: el Verbo encarnado en el bajo puente

Didier Hayraud nació en Francia en 1943, en el seno de una familia campesina. Pertenece a la Congregación Religiosa de los Hijos de María Inmaculada, pequeña congregación francesa cuya espiritualidad se centra en la encarnación de Jesús. Fue ordenado sacerdote en 1969, tras cursar estudios de filosofía y teología, y llegó a Venezuela en 1973 movido por la lógica de la ‘opción por los pobres’ que el Concilio Latinoamericano de Medellín había activado en la Iglesia.

Desde 1974 formó parte de una comunidad de inserción en un barrio de Petare. La decisión no fue casual: los responsables de su congregación habían sido convocados a Venezuela para hacerse cargo del Colegio Francia, institución que servía a una clase social privilegiada. Los misioneros rechazaron esa opción por considerarla incompatible con el espíritu del Evangelio. Hayraud describe en sus propias palabras el tenor de esa decisión:

Cuatro de nosotros formamos una pequeña comunidad en un barrio de Petare, sin cargo parroquial, buscando vivir de un trabajo de preferencia manual. Partiendo de la realidad, buscamos vivir el Evangelio y apoyar todo lo que fuera organizativo, educativo —en la línea de Freire—, y poco a poco optamos por fomentar Comunidades Eclesiales de Base. (Hayraud, 2010, p. 1)

Su itinerario en Petare fue de lo organizativo-educativo hacia lo comunitario-eclesial. Hayraud llegó a establecerse en la zona baja del puente Cuatricentenario, uno de los sectores más vulnerables de Petare, donde impulsó la lectura popular de la Biblia como herramienta de concientización y organización popular, convencido de que el Evangelio se hace inteligible desde abajo, desde el pobre, desde el excluido.

Su teología es inequívocamente la de la encarnación. Al reflexionar sobre su espiritualidad de congregación, Hayraud la articula así:

Esta forma de vivir la fe puede tener una insistencia a una adoración algo ‘desencarnada’, o una insistencia ‘encarnada’, el Dios humano, el Dios que se revela en el ser humano, el cual es divinizado. ‘El Verbo se hizo carne’, es decir se hizo débil, limitado… Y este Verbo Encarnado es Jesús, quien nació en un pesebre. Un Dios que se hace conocer en el pequeño, el pobre, el humillado, el marginado, el excluido. (Hayraud, 2010, p. 1)

Sobre la opción por los pobres, Hayraud la fundamenta en tres pilares: razones evangélicas (Jesús nació y vivió pobre y anunció la buena nueva a los pobres), razones antropológicas (ser pobre es el propio ser humano en sí, no por carencia de bienes sino por la radical condición de necesidad que compartimos) y razones planetarias (la crisis ecológica exige apuntar no a ser rico sino a vivir de lo necesario).

Blas Márquez Bernal CMF: el apóstol de los que no tienen techo ni esperanza

Blas Márquez Bernal nació el 8 de febrero de 1945 en España y falleció el 1 de noviembre de 2023 en Sevilla. Misionero claretiano (Congregación de los Hijos del Inmaculado Corazón de María, fundada por San Antonio María Claret), fue recordado por la Archidiócesis de Sevilla (2023) como «misionero, profesor, poeta, maestro y amigo», apreciado especialmente por su acompañamiento a personas sin hogar. Sus familiares y amigos rogaron por el eterno descanso de «un apóstol de los pobres» (Archidiócesis de Sevilla, 2023, párr. 2).

Su presencia en Venezuela estuvo vinculada a múltiples roles: formador de filósofos en la etapa de noviciado y estudiantado claretiano, guía espiritual, párroco en Mérida y agente de Justicia y Paz en el Secretariado Conjunto de Religiosos y Religiosas de Venezuela (SECORVE). Esta última función lo insertó en la defensa de los derechos humanos a nivel nacional, articulando el trabajo de distintas congregaciones religiosas con la realidad social venezolana.

Su espiritualidad bebe directamente del carisma claretiano. El ideal del misionero según el fundador de la Congregación, tal como aparece en las Constituciones del Instituto y que Peña (2025) cita en referencia a Blas Márquez, es:

Un Hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa. Que desea eficazmente y procura por todos los medios encender a todos los hombres en el fuego del divino amor. Nada le arredra, se goza en las privaciones; aborda los trabajos; abraza los sacrificios; se complace en las calumnias; se alegra en los tormentos y dolores que sufre y se gloria en la cruz de Jesucristo. (Constituciones CMF, citadas en Peña, 2025, p. 1)

Aunque su acción directa en Petare fue más limitada que la de Hayraud o Camuñas —su campo fue más ampliamente nacional e institucional—, su trabajo en SECORVE impactó en las redes de CEBs de todo el país, al sistematizar y articular experiencias de base, denunciar violaciones de derechos humanos y formar animadores comunitarios desde una perspectiva congregacional coordinada. Peña (2025) lo recuerda como formador que dejó «a todos un toque de esperanza» (p. 2).

Matías Camuñas Marchán OD: el barrendero de los derechos del pueblo

Matías Camuñas Marchán nació el 23 de marzo de 1947 y falleció el 13 de noviembre de 2023. Religioso de la Orden de los Dominicos (OD), de origen español aunque profundamente venezolanizado, Matías es quizás el personaje cuya figura está más ligada a la cotidianidad de las calles de Petare. Su presencia perenne en el barrio lo convirtió en un referente vivo de la pastoral popular: subía y bajaba en transporte colectivo desde el centro hasta las barriadas del populoso sector —José Félix Rivas, La Bombilla, Fechas Patrias, Barrio Bolívar, el Metropolitano, Barrio Píritu— construyendo redes humanas de confianza y solidaridad.

El núcleo de su apostolado fue la defensa de los derechos humanos en contextos de alta vulnerabilidad. Moreno (2023) recoge el testimonio de quienes lo conocieron: Matías convocaba delegados de comunidades como Barrio Unión, el Nazareno, La Dolorita, Caucagüita, Carpintero y San Blas para compartir información, detectar abusos y redactar denuncias formales contra la Policía del estado Sucre (Poli-Sucre) y la entonces PTJ. Peña (2025) describe así la dimensión litúrgica que animaba esa lucha:

En la liturgia eucarística dice: ‘Danos entrañas de misericordia frente a toda miseria humana, inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado. Ayúdanos a mostrarnos disponibles ante quien se siente explotado y deprimido. Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y paz para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando.’ (Peña, 2025, p. 3)

Uno de los casos más emblemáticos que acompañó fue el de Luis Evelis, un joven trabajador de Petare torturado por agentes de seguridad del Estado que lo acusaron falsamente de participar en robos. Gracias a la red de denuncia que Matías había tejido, se logró demostrar la inocencia del joven, aunque el daño físico ya había sido causado. Peña (2025) narra que la tortura consistió en golpes salvajes, torturas eléctricas y esposamiento prolongado, pero que «no consiguieron la confesión que esperaban» (p. 2). Este tipo de acompañamiento —concreto, vivencial, no teórico— define la pastoral de Matías.

Posteriormente, Matías se trasladó a San Félix, en el estado Bolívar, donde continuó trabajando con jóvenes en situación de riesgo social, protegiéndolos a costa de su propia seguridad. Su espiritualidad se centraba en el Sagrado Corazón de Jesús, entendido como fuente de una entrega personal radical en respuesta al espíritu misionero de Jesús.

Bruno Renaud: el animador silencioso de las CEBs

Bruno Renaud es un misionero de origen francés que llegó a Venezuela en el marco de las misiones de inserción que florecieron tras el Concilio Vaticano II y la Conferencia de Medellín. Su nombre está asociado especialmente a la animación de las Comunidades Eclesiales de Base en zonas populares venezolanas, y su testimonio es evocado como modelo de entrega misionera silenciosa pero constante.

A diferencia de Hayraud, Márquez y Camuñas, de quienes existe mayor documentación biográfica específica, Renaud representa la figura del misionero que trabaja desde el anonimato, cuyo nombre circula en las memorias comunitarias antes que en los registros institucionales. Gil (2023) destaca que su testimonio misionero quedó grabado sobre todo en las comunidades de base que animó, como expresión de una fidelidad evangélica que no busca protagonismo ni reconocimiento institucional.

En ese sentido, Renaud encarna el modelo del animador de CEBs tal como lo definió Medellín: alguien que no dirige sino que acompaña, que no protagoniza sino que habilita. La Conferencia de Puebla (CELAM, 1979) ratificó esa figura al describir a los animadores comunitarios como agentes pastorales que «favorecen la participación de todos los miembros de la comunidad en la reflexión, en la celebración y en el compromiso» (p. 97). Esa es exactamente la tarea que Renaud desempeñó durante décadas en Venezuela.

Tabla comparativa: perfiles en perspectiva

La siguiente tabla sintetiza los elementos fundamentales de cada figura pastoral:

La opción por los pobres como punto de partida

El primer y más fundamental punto de encuentro entre los cuatro sacerdotes es la opción preferencial por los pobres, entendida no como una estrategia pastoral sino como una convicción teológica y existencial. Todos ellos dejaron atrás contextos de mayor comodidad —instituciones educativas de clase media, parroquias establecidas, estructuras congregacionales seguras— para insertarse en los barrios más vulnerables de Venezuela. La Conferencia de Puebla (CELAM, 1979) ratificó esa opción como irrenunciable para la Iglesia latinoamericana, al afirmar que el compromiso con los pobres no es «ideológico ni partidista» sino que brota de las bienaventuranzas del Evangelio (p. 178).

Hayraud lo expresa con claridad teológica: por razones evangélicas, Jesús nació y vivió pobre, y anunció la buena nueva a los pobres. Camuñas lo vivió de modo casi físico: andando las calles de Petare, subiendo a la unidad, denunciando torturas. Blas Márquez lo tradujo en acompañamiento a personas sin techo y en articulación institucional de la justicia. Bruno Renaud lo hizo desde la animación paciente de las comunidades de base.

Las CEBs como método y como meta

Los cuatro coinciden en ver las Comunidades Eclesiales de Base no solo como una herramienta pastoral sino como un fin en sí mismo: la construcción de una Iglesia que sea genuinamente pueblo de Dios, comunidad fraterna, espacio de encuentro entre la fe y la vida. Boff (1986) lo formula con precisión teórica: las CEBs son «la Iglesia misma que continúa la misión de Cristo profeta, sacerdote y rey en medio de los pobres» (p. 62). Hayraud hace eco de esa convicción al describir a los pequeños grupos como semillas de amor y símbolos de la sociedad nueva (Hayraud, 2010, p. 2). Camuñas las convirtió en plataformas de denuncia y protección. Renaud las animó como espacios de comunión y reflexión. Blas Márquez contribuyó a su sistematización y articulación nacional a través de SECORVE.

La lectura popular de la Biblia como herramienta de concientización

Otro punto de convergencia es el uso de la lectura popular de la Biblia como instrumento pedagógico y teológico. La Biblia no se lee en estos grupos como texto de uso privado o devocional, sino como espejo de la realidad y mapa de la liberación. El método —ver, juzgar, actuar— conecta la Palabra con la vida y la vida con la transformación. Hayraud fue especialmente explícito al respecto: el movimiento de lectura popular de la Biblia fue uno de los marcos en los que se insertó desde sus primeros años en Venezuela. Camuñas lo integró en la dinámica de las reuniones de CEBs en Petare.

Freire (1970) había sentado las bases pedagógicas de ese proceso al distinguir entre una educación bancaria —que deposita contenidos en el educando pasivo— y una educación problematizadora, en la que «los hombres se van percibiendo críticamente en la manera como están siendo en el mundo con que y en que se encuentran» (p. 73). La lectura popular de la Biblia en las CEBs es exactamente esa pedagogía aplicada a la Palabra de Dios.

La denuncia profética como parte del ministerio

Los cuatro asumen la dimensión profética del ministerio eclesial, es decir, la responsabilidad de denunciar las estructuras de injusticia y de hablar en nombre de los que no tienen voz. En el caso de Camuñas, esa denuncia fue literal y jurídica: redacción de documentos ante la Fiscalía, acompañamiento de víctimas de tortura, presión institucional sobre cuerpos policiales abusivos. En el de Hayraud, fue de naturaleza testimonial y reflexiva: su sola presencia en el bajo puente es ya una denuncia. Blas Márquez la ejerció desde SECORVE. Renaud la incorporó en la animación de grupos que desarrollaban conciencia crítica.

El Documento de Puebla (CELAM, 1979) respalda esa función al declarar que «la evangelización lleva en sí la promoción de los derechos humanos», y que callar ante la injusticia equivale a una complicidad que la Iglesia no puede permitirse (p. 192). Los cuatro sacerdotes hicieron de ese principio una práctica cotidiana.

La figura del misionero ‘insertado’, no del clérigo ‘instalado’

Los cuatro rechazan el modelo del sacerdote o religioso instalado en una parroquia cómoda y administrador de sacramentos. Todos eligieron el modelo de la inserción: vivir en el barrio, compartir las condiciones de vida de los más pobres, trabajar manualmente si es posible. Hayraud lo explicita en la entrevista de 2010: su comunidad buscó vivir de preferencia de un trabajo manual (Hayraud, 2010, p. 1). Camuñas andaba en las unidades del barrio como un vecino más. Renaud permaneció décadas en zonas populares sin buscar proyección pública. Blas Márquez, aunque con roles más institucionales, vivió en contextos de sobriedad y acompañamiento cercano a los márgenes.

Espiritualidades de origen diversas

A pesar de su convergencia en la práctica, los cuatro sacerdotes provienen de tradiciones espirituales claramente diferenciadas, y esas tradiciones marcan sus énfasis pastorales. Hayraud parte de una espiritualidad de la encarnación —el Dios que se hace carne, débil, humillado— que lo lleva a valorar la contemplación encarnada, que él mismo describe como «situada social y corporalmente» (Hayraud, 2010, p. 1). Blas Márquez hereda el carisma claretiano: el misionero como fuego que abrasa, la Palabra recibida como María y luego transmitida como saeta. Camuñas trae la tradición dominica de la predicación y la defensa de la verdad, que en su versión latinoamericana se traduce en la defensa de los derechos y la justicia. Renaud se inscribe en una tradición misionera francesa más amplia, de carácter universalista y kerigmático.

Distintas formas de relacionarse con lo político

Otro matiz de desencuentro es la relación con la dimensión política de la pastoral. Camuñas fue el más explícitamente político: redactó documentos de denuncia, colaboró con abogados, confrontó directamente a cuerpos policiales abusivos. Su pastoral fue de acompañamiento jurídico-político. Hayraud, en cambio, mantiene una postura más reflexiva y comunitaria: apuesta por las CEBs como gérmenes de transformación desde dentro. En su propia formulación, señala que el peligro es cuando «nuestras iglesias olvidan la ‘opción por los pobres’ y reaccionan más bien en sintonía con las capas altas de la sociedad» (Hayraud, 2010, p. 2). Blas Márquez operó desde la estructura institucional de las congregaciones, lo que le dio capacidad de incidencia a escala nacional pero también cierta distancia de la acción directa en el barrio. Renaud parece haber optado por la presencia silenciosa y la animación comunitaria sin confrontación política directa.

Visibilidad pública y legado documental

Existe también una asimetría notable en cuanto a la visibilidad pública y el legado documental de cada figura. Hayraud cuenta con una entrevista extensa publicada en Presencia Ecuménica (2010) que permite conocer su pensamiento de manera sistemática. Camuñas y Blas Márquez son evocados principalmente a través de testimonios de quienes los conocieron —como los recogidos por Peña (2025) y Moreno (2023)—. Renaud, por su parte, es la figura más difusa documentalmente, cuya memoria vive sobre todo en la tradición oral de las comunidades que animó; Gil (2023) lo presenta fundamentalmente a través del recuerdo colectivo de quienes participaron en sus CEBs. Esta asimetría no refleja diferencias en la profundidad del compromiso, sino en los modos de dejar huella.

Alcance geográfico y tipo de inserción

Mientras Hayraud permaneció décadas en un territorio específico y acotado —el bajo del puente Cuatricentenario—, los demás tuvieron trayectorias más itinerantes. Camuñas abarcó múltiples barrios de Petare y luego se trasladó a San Félix, donde, según Peña (2025), «se dedicó a trabajar con los jóvenes con pinta de malandros o no… Los protegía a costa de su propia seguridad» (p. 2). Blas Márquez ejerció su ministerio en Venezuela, Argentina y España, según consigna la Archidiócesis de Sevilla (2023). Renaud recorrió distintas zonas populares venezolanas durante décadas. Esta diferencia entre la inserción territorial profunda y la itinerancia apostólica amplia representa una tensión clásica en la pastoral misionera: la profundidad vs. el alcance, el arraigo vs. la movilidad.

Aportes específicos a las CEBs de Petare

Al analizar el aporte de cada uno de estos cuatro sacerdotes a las Comunidades Eclesiales de Base de Petare, es posible identificar contribuciones que, lejos de excluirse, se complementan y potencian mutuamente.

Didier Hayraud aportó profundidad teológica y fidelidad territorial. Su permanencia de décadas en el mismo barrio construyó la confianza que solo da el tiempo compartido. Su formación filosófica y teológica dotó a las CEBs de un marco de sentido elaborado, capaz de articular la experiencia de los pobres con la reflexión evangélica. Hayraud condensa esa síntesis al valorar la manera en que la espiritualidad de Foucauld y los Hermanos del Evangelio contribuyeron a «evangelizar por la vida» y a descubrir que la comunidad llega al barrio no como salvadora ni liberadora, sino como acompañante, facilitadora de conciencia (Hayraud, 2010, p. 2).

Blas Márquez Bernal aportó articulación institucional y perspectiva congregacional. Desde SECORVE, contribuyó a que las experiencias de las CEBs petareñas no quedaran aisladas sino conectadas con redes nacionales de congregaciones comprometidas con la misma opción. Fue también un formador de formadores: Peña (2025) señala que en sus distintos cargos —como provincial, párroco y agente de Justicia y Paz— acompañó a hombres, mujeres, jóvenes y niños con «su palabra, sus acciones» (p. 1), dejando en Venezuela una generación de religiosos y religiosas más conscientes de su responsabilidad profética.

Matías Camuñas Marchán aportó presencia corporal e intervención concreta en favor de los más vulnerables. Sus redes de denuncia protegieron a personas reales de violaciones reales de derechos humanos. En él, las CEBs no fueron solo espacios de reflexión sino plataformas operativas de defensa de la dignidad humana. Su figura es la del pastor que huele a oveja —como diría el Papa Francisco—, que conoce a sus feligreses por el nombre. Peña (2025) resume su espiritualidad señalando que su entrega fue «referencia para las comunidades donde estuvo como religioso» (p. 2).

Bruno Renaud aportó constancia y humildad misionera. Su presencia prolongada y discreta en las comunidades de base construyó, ladrillo a ladrillo, la confianza y la estructura interna que las CEBs necesitan para sobrevivir a los cambios de animadores, a las crisis sociales y a la tentación de la dispersión. Gil (2023) lo evoca como testimonio vivo de que el misionero que permanece fiel sin buscar protagonismo es también, y quizás más profundamente, evangelizador. Su legado es el de la fidelidad sin esperar reconocimiento.

Conclusiones

El análisis conjunto de las trayectorias de Didier Hayraud, Blas Márquez Bernal, Matías Camuñas Marchán y Bruno Renaud permite concluir que la vitalidad de las Comunidades Eclesiales de Base en Petare no fue fruto de la acción de un hombre providencial sino de un tejido de compromisos complementarios que se reforzaron mutuamente a lo largo de décadas.

Sus puntos de encuentro —la opción por los pobres, el modelo eclesial de las CEBs, la lectura popular de la Biblia, la denuncia profética y el estilo de vida insertado— revelan una convergencia de fondo que trasciende las diferencias congregacionales y metodológicas. Sus puntos de desencuentro —o mejor, de diferencia de énfasis— en cuanto a espiritualidad, relación con lo político, visibilidad pública y alcance geográfico, muestran que esa convergencia no fue uniformidad sino sinfonía: distintas voces que suenan juntas sin confundirse.

Petare fue para todos ellos un maestro inesperado. La teología que produjeron no nació en las aulas sino en las calles, en las reuniones de la quinta Madeline, en los patios donde se leía la Biblia, en las fiscalías donde se denunciaban torturas, en el bajo del puente donde alguien necesitaba ser visto y acompañado. Esa teología —encarnada, situada, comprometida— es quizás el legado más duradero que estos cuatro pastores dejaron a la Iglesia venezolana y a la Iglesia latinoamericana en su conjunto.

En ellos se cumple lo que Monseñor Romero —patrono de las CEBs de Petare, según testimonia el propio Hayraud (2010, p. 2)— intuyó y vivió: que la Iglesia es profeta, mártir y semilla, y que su sangre, su vida entregada, resucita en el pueblo.

Referencias

Archidiócesis de Sevilla. (2023, 6 de noviembre). Fallece el sacerdote claretiano Blas Márquez Bernal. https://www.archisevilla.org/fallece-el-sacerdote-claretiano-blas-marquez-bernal/

Boff, L. (1986). Eclesiogénesis: Las comunidades de base reinventan la Iglesia. Sal Terrae.

Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM). (1968). II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano: Documentos finales de Medellín. CELAM.

Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM). (1979). III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano: Documentos finales de Puebla. CELAM.

Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores.

Gil, I. (2023, 5 de agosto). Las CEBs y el testimonio misionero del padre Bruno Renaud. Diario Vea. https://diariovea.com.ve/las-cebs-y-el-testimonio-misionero-del-padre-bruno-renaud/

Hayraud, D. (2010, septiembre-diciembre). Entrevista [Entrevista publicada]. Presencia Ecuménica, (70), 1-2.

Misioneros Claretianos, Provincia de Fátima. (2023, 2 de noviembre). DEP Blas Márquez Bernal CMF. https://fatimacmf.org/dep-blas-marquez-bernal-cmf/

Moreno, Y. (2023, 14 de noviembre). Matías Camuñas, incansable defensor de los derechos del pueblo: Así lo recuerdan. Diario Vea. https://diariovea.com.ve/matias-camunas-incansable-defensor-de-los-derechos-del-pueblo-asi-lo-recuerdan/

Peña, J. (2025). El P. Blas Márquez Bernal 08/02/1945-01/11/2023 y Matías Camuñas Marchán 23/03/1947-13/11/2023 [Artículo inédito]. Venezuela.

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