ENTREVISTA

ENTREVISTA AL PADRE JOSÉ MARÍA AGUIRRE
Por Presencia Ecuménica
Presentación
El padre Aguirre es una voz vinculada a la tradición investigativa, docente y comunicacional del Centro Gumilla. En esta conversación se presenta como un interlocutor que combina memoria institucional, sensibilidad sociológica, mirada teológica y experiencia en el campo de la comunicación.
Su reflexión parte de una convicción central: la religiosidad venezolana no puede estudiarse únicamente como doctrina, pertenencia confesional o práctica privada. Debe comprenderse también como cultura, modo de vida, experiencia comunitaria, lenguaje público, memoria histórica y posibilidad de encuentro social.
Desde esa perspectiva, esta entrevista aborda los desafíos actuales de la investigación socioreligiosa en Venezuela y América Latina, el papel del Centro Gumilla, la necesidad de una sociografía religiosa, la pluralidad de expresiones de fe, el crecimiento de los pentecostalismos, las religiosidades invisibilizadas y el aporte posible de los valores religiosos a la convivencia y la reconciliación.
1. Una vida entre docencia, investigación y comunicación
Revista Presencia Ecuménica (PE): Padre Aguirre, antes de entrar en los temas socioreligiosos, nos gustaría que nuestros lectores lo conozcan mejor. ¿Desde qué trayectoria habla usted cuando reflexiona sobre el Centro Gumilla, la religiosidad venezolana y los desafíos ecuménicos actuales?
Padre Aguirre (PA): Yo hablo desde una trayectoria vinculada a la docencia, a la investigación y también al mundo de la comunicación. En el Gumilla siempre ha habido personas que han sido docentes, y mucha de la investigación vinculada al Centro ha procedido de gente relacionada con la universidad: profesores, pasantes, estudiantes tutelados en tesis o miembros del consejo de redacción.
Después de pedir la jubilación, me sumé también al equipo investigativo, mientras uno esté en condiciones mentales y pueda seguir trabajando. Además, yo digo que tengo un pie en el mundo de la comunicación. Eso me ha permitido mirar los procesos socioreligiosos no solo desde la teoría, sino también desde los lenguajes, los medios, las formas de narrar y las maneras en que una sociedad se entiende a sí misma.
En el Gumilla existe una masa crítica de personas que combinan ciencias sociales, teología, comunicación, filosofía e historia. Esa combinación es muy importante, porque los fenómenos religiosos no se comprenden desde una sola disciplina. Hay que verlos desde la vida social, desde la cultura, desde la historia, desde la experiencia de fe y desde la comunicación.
2. El Centro Gumilla y la investigación aplicada
PE: ¿Cuáles son, a grandes rasgos, los principales retos del Centro Gumilla en sus proyectos de investigación y participación socioreligiosa?
PA: El Gumilla nace, como ustedes saben, como Centro de Investigación y Acción Social. Esa formulación ya decía mucho. No se trataba solamente de hacer investigación teórica, como la que realizan las universidades, sino de estudiar la realidad económica, política, social, cultural y religiosa de la sociedad desde una perspectiva más aplicada.
En el Centro ha habido una combinación entre investigación aplicada, docencia, trabajo de campo y producción de materiales útiles para comprender la realidad. A veces la investigación ha sido realizada por los propios docentes o miembros del consejo de redacción; otras veces ha surgido de estudiantes, pasantes o personas tuteladas en sus tesis.
Yo diría que el Gumilla ha hecho, en términos reales, lo que podemos llamar investigación participativa. Es decir, investigación aplicada al campo, vinculada con los grupos concretos que están en la vida social: barrios, escuelas, comunidades cristianas, grupos católicos, espacios de participación y lugares donde se forman las prácticas sociales.
Ese ha sido el piso ordinario: investigar desde los lugares donde trabajamos, nos movemos y acompañamos procesos.
3. Investigar desde los territorios y no solo desde los escritorios
PE: Usted insiste en la investigación participativa. ¿Por qué es tan importante estudiar lo socioreligioso desde los territorios?
PA: Porque la realidad religiosa no se entiende bien si se mira solo desde categorías abstractas. La investigación participativa permite acercarse a los grupos vivos, a las comunidades, a los barrios, a las escuelas y a las iglesias. Muchas veces se han tomado muestras en Fe y Alegría, o se ha trabajado con la presencia de grupos cristianos o católicos en los barrios.
El problema no es solo levantar datos. Eso es importante, claro. En otro momento se hicieron estudios de cultura política con encuestadoras, cuestionarios y marcos teóricos amplios. Pero lo más propio ha sido esa investigación que se realiza participativamente, desde los lugares donde uno está y con las personas que viven la experiencia.
También hubo durante mucho tiempo una investigación vinculada al tutelaje de estudiantes universitarios. Ese camino se ha debilitado porque muchas escuelas eliminaron la tesis de grado formal. Para mí, eso fue una pérdida tremenda, porque la tesis permitía ampliar el abanico de investigación participativa o de cualquier otra índole sobre estos temas.
4. Financiamiento, autonomía y redes ecuménicas
PE: En este tipo de investigación, el financiamiento siempre es un asunto delicado. ¿Cómo sostener proyectos rigurosos sin perder autonomía?
PA: Ese es un tema importante. Ha habido distintas vías: proyectos no muy costosos, instituciones y fundaciones vinculadas a iglesias, algunas cercanas al catolicismo y otras de carácter ecuménico. También existió la competencia internacional con fundaciones de mayor peso.
Nosotros hemos sido cautelosos con todo lo que tiene que ver con instancias gubernamentales. Cada institución tendrá sus criterios, pero en el Gumilla siempre ha existido preocupación por no quedar marcado o condicionado políticamente. Incluso con fuentes internacionales se discutía mucho el problema del financiamiento.
La vía ecuménica ha sido importante. Muchos encuentros sobre teología, liberación, medios alternativos y otros temas fueron apoyados por instituciones ecuménicas internacionales. Esas instituciones tuvieron peso y ayudaron a sostener procesos de reflexión.
Pero siempre hay que aterrizar el paraguas temático general y preguntarse: qué se investiga, con qué independencia, desde dónde y para qué sociedad.
5. Una masa crítica interdisciplinaria
PE: Usted ha hablado de una “masa crítica” dentro del Gumilla. ¿Por qué es necesaria una mirada interdisciplinaria para estudiar la religiosidad?
PA: Porque el Gumilla tiene una masa crítica de personas que combinan ciencias sociales, teología, comunicación, filosofía e historia. Esa combinación es muy valiosa.
No se trata de competir con grandes universidades o con equipos internacionales llenos de doctores. Nosotros tenemos que ubicarnos en el nivel donde estamos y aprovechar lo que sabemos hacer mejor.
Yo suelo compararlo con el cine venezolano. Una película se hace reuniendo al camarógrafo, al director artístico, al equipo técnico, y luego se busca el financiamiento para producirla. En el Gumilla ocurre algo parecido: se arma el equipo según el tema, según las capacidades disponibles y según los recursos.
Además, las metodologías son distintas. No es lo mismo una investigación nacional que una investigación regional o una investigación localizada en Caracas. No es lo mismo trabajar con métodos cuantitativos que con historias de vida, estudios de caso o metodologías cualitativas. Cada vía exige gente diversa, hipótesis distintas y preguntas bien formuladas.
6. Lo socioreligioso como hecho cultural
PE: Usted propone centrarse en los componentes socioreligiosos, pero también dice que lo religioso no puede separarse de lo cultural. ¿Qué significa esto?
PA: Yo insisto mucho en eso: no se puede desligar fácilmente el tema religioso del tema cultural. Cambiar de religión es cambiar de modo de vida. No es simplemente cambiarse un vestido, ponerse una cruz o adoptar un símbolo externo. Es algo más profundo.
A veces, por falta de preparación antropológica, se piensa que la religión es solo una afiliación, una etiqueta o una práctica aislada. Pero no. La religión toca la vida cotidiana, las relaciones, los valores, el lenguaje, el cuerpo, la familia, la comunidad y la manera como las personas se sitúan en el mundo.
Con el tema político, la religión ha quedado muchas veces relegada. Por eso yo he planteado que debemos centrarnos en lo que sabemos hacer mejor: los componentes socioreligiosos, entendiendo que lo religioso también es cultural.
7. Secularización, religión pública y vida social
PE: Durante mucho tiempo se afirmó que la modernidad llevaría a la desaparición progresiva de la religión. ¿Cómo ve usted esa tesis hoy?
PA: Esa tesis de la secularización lineal, planteada de manera rígida, es falsa. Durante mucho tiempo se pensó que pasaríamos de una etapa mágico-religiosa a una etapa metafísica y luego a una etapa ilustrada donde la religión desaparecería. Pero eso no ocurrió así.
Incluso Peter Berger, que fue una referencia importante, llegó a decir que estaba equivocado. Después algunos sociólogos intentaron corregir la tesis hablando de “religión invisible” o de “religión civil”. También se habló de privatización de la fe.
Pero yo no puedo hablar de privatización cuando vemos eventos adventistas, actos neopentecostales y manifestaciones religiosas públicas en Estados Unidos, México o Venezuela. En el caso venezolano, por ejemplo, la Virgen de la Pastora es una manifestación pública. No es algo encerrado en el corazón individual.
Otra cosa es la calidad de la creencia o la manera como cada persona vive esa fe. Pero no podemos decir que lo religioso haya desaparecido de la vida pública.
8. Sociografía religiosa y religiosidad venezolana
PE: A propósito del libro Sociografía religiosa: la religiosidad de los venezolanos, ¿por qué considera importante hacer una sociografía religiosa en este momento de Venezuela?
PA: Es importante porque necesitamos comprender no solo a qué iglesia pertenece la gente, sino qué valores, sentidos y prácticas están en juego.
Para mí hay un argumento central: los valores parecen ser los eslabones compartidos dentro de ese continuo que tiene que ver con el sentido de lo sagrado, las opciones de vida y el sentido de la existencia. Cipriani plantea algo que a mí me convence: mucho más que los rituales y las creencias, los valores pueden constituir un contenido esencial de la religión. Un teólogo discutirá eso, naturalmente, pero desde la sociología religiosa es una pista muy fecunda.
Cuando se habla de religión difusa o de religión de valores, se está señalando que existe un conjunto de valores que permite compartir perspectivas y prácticas. Eso puede reunir a católicos y no católicos, creyentes y no creyentes, en un mismo terreno de acción social.
En el Gumilla esto tiene pleno sentido porque trabajamos con una visión ecuménica. Cuando uno va a un barrio, se encuentra con la pluralidad. Entonces la pregunta es: ¿cuáles son los puntos de conexión posibles?, ¿qué valores permiten convivencia?, ¿qué elementos pueden ayudar a la reconciliación entre venezolanos?
9. Religiosidades invisibilizadas y memoria histórica
PE: En su testimonio aparece una preocupación por religiosidades que han sido ocultadas, perseguidas o mal comprendidas. ¿Qué revela esa invisibilización?
PA: Revela una historia muy compleja. Muchas expresiones religiosas han estado soterradas, ocultas o percibidas de manera vergonzosa.
Yo mismo tuve experiencias cercanas en Caracas, donde prácticas religiosas populares se mantenían casi escondidas. Estaban ahí, en la ciudad, prácticamente delante de uno, pero ocultas. Por eso digo que, cuando hoy vemos ciertos números o cierta expansión, tal vez no se trata solo de crecimiento, sino de visibilización de algo que estaba oculto.
Esto tiene raíces históricas. En la historia de la Iglesia en América Latina aparece la “extirpación de idolatrías”. ¿Cómo se persigue a un grupo cultural que no tiene libros escritos formales? Se lo persigue a través de sus imágenes, sus ritos, sus símbolos, sus prácticas.
Por eso la investigación socioreligiosa debe mirar con respeto lo afrovenezolano, lo indígena, lo popular, lo espiritista y otras formas de religiosidad que durante mucho tiempo fueron descalificadas o reducidas a superstición.
10. Carismatismo, pentecostalismos y medios
PE: ¿Cómo interpretar el crecimiento pentecostal y neopentecostal, así como el carismatismo católico, sin caer en simplificaciones?
PA: Hay que verlo con cuidado. El protestantismo le ha hecho tomar al catolicismo una mayor sensibilidad por la parte espiritual, sensible, íntima y subjetiva de la experiencia religiosa. Claro, eso tiene riesgos, pero también ha abierto preguntas importantes.
El carismatismo ha sido, dentro del catolicismo, la vía más cercana a ciertas expresiones y prácticas neopentecostales. Eso ha generado tensión, porque a la Iglesia Católica le preocupa que esos grupos se desmanden o que no atiendan las jerarquías propias: obispos, parroquias, vicarías. También se ha visto el carismatismo como un posible canal de fuga de inscritos católicos hacia otras corrientes.
Pero no todo debe leerse como amenaza. También hay participación, expresividad y búsqueda espiritual. En algunos espacios se aplica más la sinodalidad sin tanto discurso: participación de la gente, vida comunitaria, prácticas concretas.
Después está la relación con los medios. En el catolicismo ha habido, para bien o para mal, cierto mimetismo de las iglesias reformadas, que siempre han estado muy presentes en el uso de lenguajes comunicacionales. Por eso el estudio de los medios es clave para comprender la religiosidad contemporánea.
11. Investigación socioreligiosa, valores y reconciliación
PE: Finalmente, ¿cuál debería ser la finalidad de una investigación socioreligiosa en la Venezuela actual?
PA: La finalidad tiene que ver con la convivencia. La investigación socioreligiosa puede contribuir a la reconciliación entre ciudadanos diferentes, diversos, con expresiones de fe distintas.
Yo diría que no se trata tanto de hablar de una “fe común”, porque eso puede ser impreciso. Más bien, lo común puede encontrarse en los valores que compartimos, respetando las expresiones de fe. Allí hay un punto fundamental para el diálogo ecuménico.
Cuando se habla de valores, uno puede tender puentes entre católicos, evangélicos, creyentes de otras tradiciones e incluso no creyentes. La religión puede ser una pedagogía para acercarse a valores éticos, pero sin imponer una forma única de creer.
Por eso hay investigaciones urgentes: el trasvase entre iglesias, las modalidades de fe católica, la relación entre valores, religión y reconciliación, especialmente pensando en escolares y en el futuro de la población. También hacen falta estudios cualitativos: qué zonas de Venezuela mirar, qué grupos de referencia considerar, qué prácticas observar, qué lenguajes reconocer, qué heridas atender y qué posibilidades de encuentro construir.
Cierre editorial
La conversación con el padre Aguirre deja una convicción central: estudiar la religiosidad venezolana exige mirar más allá de las estadísticas confesionales. La fe no aparece solo como doctrina, culto o pertenencia institucional, sino como cultura, memoria, modo de vida, experiencia pública, valor compartido y posibilidad de encuentro.
Desde esta perspectiva, la investigación socioreligiosa puede convertirse en una herramienta de comprensión y también de reconciliación. En un país atravesado por fracturas políticas, sociales y culturales, reconocer la pluralidad religiosa no significa diluir las diferencias, sino encontrar puntos de conexión que permitan convivir, dialogar y reconstruir vínculos comunes.
La tarea pendiente no es menor: investigar con rigor, escuchar desde los territorios, respetar las espiritualidades invisibilizadas y construir una mirada ecuménica capaz de reunir a creyentes y no creyentes en el terreno concreto de la acción social.
El padre Jesús María Aguirre, S.J. es una referencia del pensamiento comunicacional, sociocultural y religioso en Venezuela. Sacerdote jesuita, docente, investigador y comunicador social, ha estado vinculado a la Universidad Católica Andrés Bello y al Centro Gumilla, desde donde ha aportado al estudio crítico de la comunicación, la cultura, los medios y la religiosidad venezolana. Fundador de la revista Comunicación y antiguo director del Centro Gumilla y de la revista SIC, su mirada interdisciplinaria comprende la religión como cultura, modo de vida, experiencia comunitaria y campo de valores compartidos. Sus investigaciones recientes destacan la pluralidad religiosa del país, las espiritualidades populares y el diálogo ecuménico como caminos para la convivencia y la reconciliación social.

