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El CMI presenta “Una conversación con el arzobispo Anastasios de Albania: un legado ecuménico”
05 Marzo 2026
El Consejo Mundial de Iglesias (CMI) ha publicado “Una conversación con el arzobispo Anastasios de Albania: un legado ecuménico”, la última entrevista del arzobispo con el CMI antes de su fallecimiento el 25 de enero de 2025.
En ella, el arzobispo ofrece una retrospectiva de su vida, su vocación y su servicio, tanto desde una perspectiva individual como colectiva, entrelazando su trayectoria personal, su formación teológica y sus décadas de compromiso con el movimiento ecuménico.
Hace hincapié en la importancia de la unidad no como un ideal teológico abstracto, sino como un compromiso activo con el diálogo, la reconciliación y un testimonio común en un mundo fragmentado.
Una parte importante de la entrevista está dedicada a su viaje misionero y su experiencia en África, una experiencia que, según explica, transformó su concepción de la iglesia, viéndola como una comunidad viva de esperanza en lugar de una estructura de autoridad.
Al marcharse a Albania, tuvo que despedirse de su comunidad en África. “Me dieron una bolsa con bananas, azúcar y té para mis viajes”, dijo. “Fue muy conmovedor ver la sensibilidad de la gente”.
A continuación, se centra en Albania y recuerda el primer día que llegó al país y se adentró en la incertidumbre con fe y determinación. En esa época, los albaneses no tenían derecho a orar ni a tener Biblias. Desde aquellos primeros días hasta la reconstrucción de la Iglesia Ortodoxa y el desarrollo de relaciones de confianza con otras comunidades religiosas, presenta el diálogo interreligioso no como una teoría, sino como una práctica cotidiana basada en el respeto y la coexistencia.
También habla de la Albania actual. “Hay plena libertad religiosa y también un respeto general por las ideas y los comportamientos de los demás”, afirma, al tiempo que reconoce que la vida social y religiosa no están exentas de dificultades.
Durante la conversación, aborda asimismo cuestiones contemporáneas urgentes: el papel de las mujeres en la iglesia y la sociedad, la participación significativa de los niños en la vida religiosa, los desafíos de las relaciones internacionales, las heridas dejadas por la crisis económica y la creciente polarización que configura el discurso mundial.
El arzobispo analiza lo que él cree que son los orígenes de la corrupción. “Para mí, está muy claro que hay tres motivos principales: el primero, la mentira; el segundo, la avaricia; el tercero, el egoísmo”, observa. “La libertad más importante es la de liberarnos de nosotros mismos, de nuestro egoísmo, y este es el gran mensaje del cristianismo: liberarse de uno mismo”.
A lo largo de toda la entrevista, vuelve a la convicción de que la fe debe seguir siendo una fuerza creativa y sanadora, capaz de mantener la resiliencia y fomentar la paz.
En los momentos finales, destaca que todo lo que tenemos es un don de Dios y que nuestra única responsabilidad es compartir estos dones con humildad y sencillez con los demás, y de esta manera vivir más profundamente en Cristo. “Lo más importante es vivir en Cristo”, señala. “Cuando pienso en todos estos años de testimonio ortodoxo en mi vida, puedo decir que he intentado combinar el pensamiento teológico y el estudio de otras religiones con el servicio pastoral y misionero y, al mismo tiempo, con una sensibilidad por la realidad social”.
El arzobispo hace hincapié en la unidad. “Para mí, es sencillo”, dice. “Nuestras expresiones de amor por Cristo y por los demás no son un tipo de teología. O, dicho de otra manera, cada pequeña acción es solo un susurro que expresa el amor por Dios”.

