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LA ESPIRITUALIDAD DE LA TERNURA:  ESENCIA DE LA EDUCACIÓN

LA ESPIRITUALIDAD DE LA TERNURA:
ESENCIA DE LA EDUCACIÓN

Dra. Elizabeth Patiño
aputopueday@gmail.com

A modo de resumen

La pandemia mundial de COVID-19 nos confrontó con nuestra vulnerabilidad, pero también nos brindó la oportunidad de reconectar con lo más profundo de nuestro ser. En este contexto, emergió la investigación sobre «La espiritualidad de la ternura: esencia de la educación», un proyecto que busca comprender y promover una educación centrada en el desarrollo de seres humanos conscientes, compasivos y responsables. Este artículo tiene como objetivo compartir una mirada reflexiva sobre los postulados que surgieron a lo largo de esta investigación, la cual se sustenta en un exhaustivo análisis documental. Exploraremos cómo la pedagogía de la espiritualidad, lejos de ofrecer respuestas fáciles, nos invita a formular preguntas fundamentales sobre la vida, la trascendencia y la conexión humana. Abordaremos el papel crucial de la educación y los educadores en este proceso, así como la necesidad de un aprendizaje continuo que requiere humildad, apertura y disposición para cuestionarnos. A través de esta exploración, buscamos demostrar que la educación para la espiritualidad de la ternura tiene un impacto profundo en la intimidad de la persona, en su interioridad y en su vida espiritual. El autoconocimiento que se deriva de este proceso se refleja en un cambio personal que transforma nuestra percepción del mundo y nuestras relaciones cotidianas. En resumen, este artículo invita a los lectores a reflexionar sobre la importancia de cultivar la espiritualidad de la ternura como un camino de autoconocimiento y transformación personal y social.

A modo de introducción

Mi experiencia como estudiante de  doctorado en educación ambiental, inmersa en las comunidades indígenas del estado Amazonas, transformó profundamente mi comprensión del mundo. La convivencia respetuosa con sus formas de vida ancestrales, su rica cultura y tradiciones, me reveló la profunda conexión entre la espiritualidad de nuestros ancestros y el aprendizaje contemporáneo. Esta vivencia me llevó a apreciar la sabiduría que reside en lo simple y sencillo, fundamentos esenciales de la «espiritualidad de la ternura» que he venido investigando.

Como educadora, siento la responsabilidad de visibilizar y compartir esta comprensión, formando a las generaciones futuras en una visión de la espiritualidad como un estilo de vida inherente al ser humano. En el marco de las ciencias humanas, mi investigación avanza hacia la reflexión, la acción y la revisión, utilizando métodos estructurales y comprensivos, donde prevalece la intuición y un profundo compromiso. Este proceso se nutre de la investigación documental, una metodología que permite la comprensión, interpretación y reflexión de los temas a través del análisis de información teórica y documental.

En este estudio, la unidad de análisis se centra en el vínculo entre la educación de la espiritualidad y la espiritualidad de la ternura. Esta formulación facilita la exploración del fenómeno mediante una representación teórica que se construye a través del análisis crítico y reflexivo del objeto de estudio. Se establecen relaciones, diferencias y posturas sobre el estado actual del conocimiento en esta área, siempre desde la perspectiva de la ternura como eje central.

La sistematización, interpretación y reconstrucción del conocimiento, basadas en principios epistemológicos, ontológicos y axiológicos consistentes, dan forma al presente escrito. Este proceso investigativo reconoce el valor de la experiencia personal de la investigadora como un medio para contextualizar los asuntos estudiados, enriqueciendo así la comprensión de la espiritualidad de la ternura en su dimensión educativa y humana.

La esperanza del poder de la educación

Tras la inmersión en la investigación de esta temática, se ha constatado que autores de referencia en estudios recientes conciben la espiritualidad en el ámbito educativo como un elemento configurador de la realización personal y vocacional. Esta perspectiva se fundamenta en la premisa de que la espiritualidad emerge del compromiso afectivo con la labor desempeñada y con aquellos a quienes se sirve. En este sentido, se reconoce la labor docente como una práctica intrínsecamente ligada a la dimensión espiritual, donde el amor y la dedicación constituyen pilares fundamentales. En la misma línea, Boff (2022)  acota:

…Entre otros valores quiero detenerme en uno que se suele olvidar: recuperar la espiritualidad natural. Ella no es una derivación de las religiones, más bien estas beben de esta fuente que es más originaria. La espiritualidad natural es parte de la naturaleza humana como la inteligencia, la voluntad, el poder y la libido. La espiritualidad natural se expresa por el amor que no excluye a nadie, por la solidaridad, por el lazo afectivo con todos los seres, por la compasión con los que sufren. Esta espiritualidad debe estar presente en la escuela, desde la más tierna infancia. Así se formarán no consumidores y usuarios de los medios tecnológicos, sino ciudadanos conscientes, críticos, sensibles, profundamente humanos… (p. s/n).

Como se ha señalado, la introspección y el discernimiento espiritual son elementos cruciales en el desarrollo humano (Boff, 1996). En este contexto, la pedagogía de la ternura emerge como una propuesta que trasciende la mera expresión emocional. Lejos de ser un simple sentimiento de afecto, la ternura se concibe como una fuerza transformadora capaz de fomentar la cohesión social, la sanación emocional y la construcción de un mundo más compasivo.

Esta perspectiva reconoce la ternura como un impulso que facilita la conexión profunda entre individuos, promoviendo la comprensión y la aceptación incondicional. La ternura permite apreciar la vulnerabilidad humana como una fuente de belleza y nos motiva a brindar cuidado y protección a quienes más lo necesitan. En este sentido, la pedagogía de la ternura se alinea con la exploración de la dimensión espiritual en la educación, buscando cultivar una conciencia que reconozca la interdependencia y la dignidad inherente a cada ser humano.

¿Pero quién cree en esto? la encrucijada de los tiempos

En la encrucijada de los tiempos que habitamos, la pregunta resuena con fuerza: ¿quién deposita su fe en la pedagogía de la ternura como un camino viable hacia la transformación humana y social? Este concepto, que encuentra eco en las reflexiones de Leonardo Boff sobre la crisis contemporánea, nos invita a cuestionar las estructuras arraigadas y a explorar nuevas formas de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con el entorno, sobre ello  Hernández (2018) señala: 

La espiritualidad en la educación se configura en la realización personal y vocacional, que procede del amor por lo que se hace y por quienes se hace, así como de la esperanza del poder de la educación para transformar… (p.102). 

En este contexto, la ternura emerge como una fuerza subversiva, capaz de desafiar la lógica del individualismo y la competencia, y de abrir caminos hacia la construcción de una sociedad más humana y compasiva.

La reflexión sobre la pedagogía de la ternura y su potencial transformador nos lleva a plantear una interrogante fundamental: ¿se concede la debida importancia a la dimensión espiritual en los sistemas educativos contemporáneos, tanto en este país como en otros? La relevancia de esta pregunta se evidencia al considerar que la espiritualidad, trascendiendo los límites de la religión y la moral, ha emergido como un constructo de creciente interés en diversos campos, especialmente en el ámbito de la salud (Koenig, 2008). Instituciones como el Instituto Nacional de Investigaciones en el Cuidado de la Salud (NIHR National Institute for Health Research, 1997, citado en Koenig) han reconocido la importancia de la dimensión espiritual en el bienestar integral del ser humano.

Sin embargo, la integración de la espiritualidad en los sistemas educativos plantea desafíos significativos. La pedagogía de la ternura, al proponer una visión holística del desarrollo humano, exige un replanteamiento de los modelos educativos tradicionales. Se requiere una educación que fomente la introspección, la conexión con los demás y el cultivo de valores como la compasión y la empatía. En este sentido, la exploración de la espiritualidad en el ámbito educativo no solo se justifica, sino que se presenta como una necesidad apremiante en la construcción de una sociedad más humana y justa.

La definición de espiritualidad: un constructo multidimensional y evolutivo

Las definiciones de espiritualidad propuestas por diversos autores convergen en la idea de una búsqueda de lo sagrado o trascendente a través de las experiencias vitales (Koenig, 2009). En este sentido, la Asociación Americana de Consejeros (1995, citado en Fuentes, 2020) destaca la independencia entre el desarrollo espiritual y la religiosidad, concibiendo la dimensión espiritual como un aspecto inherente a la evolución humana. Esta perspectiva abarca conceptos diversos, como la relación con lo divino, la trascendencia y la búsqueda de sentido y propósito en la vida.

La complejidad del constructo de espiritualidad se evidencia en la multiplicidad de definiciones propuestas. Chochinov y Cann (citado en Fuentes, 2018) señalan la existencia de más de 90 intentos de definición, los cuales convergen en la idea de que la espiritualidad proporciona fuerza vital, paz interior y la capacidad de establecer conexiones significativas con otros, con la naturaleza y con las relaciones interpersonales.

En el contexto de la pedagogía de la ternura, estas definiciones adquieren una relevancia particular. La búsqueda de lo sagrado, la conexión con la trascendencia y el cultivo de relaciones significativas son elementos fundamentales para el desarrollo de una conciencia compasiva y la construcción de una sociedad más humana. La espiritualidad, entendida como una dimensión inherente al ser humano, se presenta como un camino hacia la realización personal y la transformación social a través de la ternura.

Movimiento que integra ciencia y espiritualidad: ¿qué dicen los científicos?

El diálogo entre ciencia y espiritualidad ha adquirido una relevancia creciente en el contexto de la crisis socioambiental contemporánea. Thomas Berry, en su obra «La gran obra: nuestro camino hacia el futuro” (1999), plantea la necesidad de una transición desde el «Tecnozoico», caracterizado por la explotación de la Tierra como recurso, hacia el «Ecozoico», un nuevo paradigma de relación con el planeta donde el bienestar de toda la comunidad terrestre es el interés primordial. Berry (1999) afirma: 

…El futuro deberá ser revisado entre aquellos comprometidos con el Tecnozoico, un futuro de explotación creciente de la Tierra como recurso, y una transición hacia el Ecozoico, un nuevo modo de relación con la Tierra donde el bienestar de toda la comunidad terrestre es el interés principal… (p. s/n). 

Este llamado invita a la humanidad a participar activamente en la búsqueda de soluciones, asumiendo la responsabilidad que implica la era actual y fomentando una relación armoniosa con la naturaleza y la vida. La visión del Ecozoico se fundamenta en la cosmogénesis, un concepto que concibe el universo como un sistema evolutivo dinámico y convergente. Esta perspectiva reconoce la naturaleza evolutiva del universo, caracterizada por la expansión y la auto-creación de emergencias cada vez más complejas, desde la formación de galaxias y estrellas hasta el surgimiento de la vida consciente y espiritual en la Tierra. En este contexto, la integración de la ciencia y la espiritualidad se presenta como un camino hacia la construcción de un futuro sostenible, donde la conciencia y la responsabilidad ecológica se convierten en pilares fundamentales de la existencia humana.

La transición ecozoica y la espiritualidad de la ternura: un camino hacia la sanación planetaria

La visión de Thomas Berry sobre la transición del Tecnozoico al Ecozoico resuena profundamente con la exploración de la «espiritualidad de la ternura». Ambos conceptos convergen en la necesidad de un cambio de paradigma que priorice el bienestar de toda la comunidad terrestre, reconociendo la interdependencia entre los seres humanos y el planeta. La espiritualidad de la ternura, al fomentar la compasión, la empatía y el cuidado hacia los demás y hacia la naturaleza, se presenta como un camino concreto para materializar la visión del Ecozoico.

La cosmogénesis, con su énfasis en la evolución y la interconexión de todas las formas de vida, respalda la idea de que la espiritualidad no es una dimensión separada de la realidad material, sino una fuerza que impulsa la evolución hacia formas de existencia más complejas y conscientes. En este sentido, la espiritualidad de la ternura se alinea con la visión del Ecozoico al promover una conciencia que reconoce la dignidad inherente a cada ser vivo y la necesidad de construir relaciones armoniosas con la naturaleza.

La integración de la ciencia y la espiritualidad, como lo propone Berry, se convierte en un imperativo para enfrentar los desafíos de la era actual. La espiritualidad de la ternura, al ofrecer un marco ético y una guía práctica para la acción, puede contribuir a la construcción de un futuro sostenible, donde la conciencia ecológica y la compasión se conviertan en los pilares de una nueva forma de habitar el planeta.

El estudio, que une el corazón y la mente: una nueva cosmología de la ternura

La exploración de una nueva cosmología, que integra el conocimiento científico y la sabiduría espiritual, representa un paradigma emergente en el estudio del universo y la relación humana con él. Esta perspectiva, que podría percibirse como limítrofe con la religión, reconoce el potencial transformador de la ciencia integral en la experiencia humana. La historia de la ciencia revela una serie de coincidencias misteriosas que sustentan la existencia, generando un sentimiento de asombro y humildad.

Sobre esto, Swimme  /1997)argumenta que esta cosmología sitúa a los seres humanos en su lugar dentro del cosmos, desafiando la visión utilitarista que concibe la Tierra como un mero recurso explotable. Su propuesta radica en la formulación de una nueva cosmología, fundamentada en la comprensión científica contemporánea y nutrida por convicciones espirituales ancestrales, con el propósito de otorgar significado a la existencia.

En el contexto de la «espiritualidad de la ternura», esta nueva cosmología adquiere una relevancia particular. La integración del conocimiento científico y la sabiduría espiritual permite trascender la dicotomía entre razón y emoción, corazón y mente, fomentando una visión holística del universo y de la condición humana. La ternura, como principio ético y afectivo, se convierte en un elemento central de esta nueva cosmología, promoviendo una relación de cuidado y respeto hacia todas las formas de vida y hacia el planeta en su conjunto.

La espiritualidad de la ternura: una teoría en crecimiento

     Palacios  (2015) postula que la espiritualidad de la ternura, en su manifestación más profunda, trasciende la mera emotividad, constituyéndose como una modalidad de ser y de interrelacionarse con el entorno circundante. En contraste con las concepciones tradicionales de la espiritualidad. Por ello, la espiritualidad de la ternura emerge como un paradigma alternativo que enfatiza las relaciones interpersonales, la conexión con la naturaleza y el cuidado del medio ambiente. Aunque se encuentra en fase de desarrollo, se observa con mucho interés, como esta disciplina es objeto de estudio en la psicología, la filosofía, la teología y otras corrientes asociadas al espiritualismo.

En este sentido, la espiritualidad de la ternura, al valorar las relaciones interpersonales, la conexión con la naturaleza y el cuidado del mundo, propone una visión holística que integra la dimensión humana con lo trascendente.

La ternura como reflejo del amor divino

La ternura como reflejo del amor divino; se concibe como una expresión tangible del amor divino en el ámbito terrenal. Al manifestar ternura, se refleja la compasión y la benevolencia inherente a la naturaleza divina en las interacciones humanas. Mientas que la ternura como vía de trascendencia,  facilita la superación del egocentrismo y el acceso a la esencia espiritual individual. A través del cultivo de la ternura, se propicia la apertura a un nivel más profundo de amor y conexión con lo trascendente.

En este sentido, también se puede observar a la ternura como constructo multidimensional: La ternura, frecuentemente está asociada a la delicadeza, la compasión y el afecto, trasciende la mera dimensión emocional para configurarse como un constructo multidimensional. Cuando la ternura se cultiva y se expresa conscientemente, se erige como un puente que conecta al individuo con la esencia de la vida, lo divino y el prójimo.

Prácticas para conectar con la esencia espiritual a través de la ternura: 

La conexión con la esencia espiritual a través de la ternura se facilita mediante diversas prácticas, tales como la meditación compasiva, la oración y el servicio altruista. Estas prácticas cultivan una sensibilidad que trasciende la esfera humana, extendiéndose hacia la valoración de todas las formas de vida. En este sentido, la espiritualidad de la ternura nos invita a reconocer la interdependencia de todos los seres y la importancia de cuidar nuestro entorno natural.

Un ejemplo concreto de esta interdependencia se evidencia en el preocupante dato de que el 13% de las 4.812 especies arbóreas de Venezuela se encuentran amenazadas de extinción, según el primer reporte del «Estado de los Árboles del Mundo» (BGCI, s/f). Este estudio global, que evaluó el estado de conservación de casi 60.000 especies, subraya la fragilidad de nuestro ecosistema y la necesidad de una actitud de cuidado y respeto hacia la naturaleza.

Como afirman Smith y Smith (2006), la preservación de cada especie arbórea es crucial, no solo para las innumerables especies que dependen de ellas, sino también para el bienestar de la humanidad. La espiritualidad de la ternura, al promover una conexión profunda con la naturaleza, nos impulsa a actuar con responsabilidad y compasión hacia nuestro planeta, reconociendo el valor intrínseco de cada ser vivo.

Espiritualidad, espiritualidad de la ternura y Religión

Desde una perspectiva académica, la espiritualidad, la espiritualidad de la ternura y la religión son conceptos interrelacionados pero distintos, que merecen un análisis riguroso y diferenciado.

El término «espiritualidad» tiene sus raíces en la tradición occidental cristiana, derivado del latín «spiritualis,» que a su vez traduce el griego «pneumatikos,» significando «según el espíritu» o «lleno de espíritu» (Rodríguez, 2011). En esencia, la espiritualidad se refiere a la experiencia de vivir desde y a partir de la fuente del espíritu, trascendiendo la mera existencia material.

Filosóficamente, la espiritualidad se concibe como la vida interior, un dominio personal donde las expresiones y prácticas son intrínsecamente individuales. Es crucial destacar que la práctica de la espiritualidad no necesariamente implica adhesión a una religión o pertenencia a una institución eclesiástica. La conexión con la espiritualidad es una elección personal, una forma subjetiva de percibir y comprender el mundo interior.

En este sentido, investigaciones teóricas y estudios empíricos convergen en señalar que tanto la religiosidad como la espiritualidad son constructos multidimensionales. Estos constructos abarcan una amplia gama de pensamientos, sentimientos, conductas y experiencias, que sirven a múltiples propósitos y generan diversas consecuencias en la vida de las personas.

En este mismo orden, observamos como la espiritualidad de la ternura, enriquece la noción tradicional de espiritualidad al incorporar la dimensión de la afectividad y el cuidado en la conexión con lo trascendente. Esta perspectiva pedagógica enfatiza la importancia de las relaciones humanas basadas en el amor, la compasión y la empatía como caminos para el crecimiento espiritual y la conexión con lo divino. La ternura se convierte en un vehículo para experimentar la presencia de lo sagrado en la vida cotidiana y en las interacciones con los demás.

No obstante y en contraste con la espiritualidad, la religiosidad se define como un concepto intrínsecamente ligado al ámbito institucional. Implica la adhesión a un conjunto específico de creencias, dogmas, doctrinas y rituales establecidos dentro de una institución religiosa organizada. La religión proporciona un marco estructurado para la espiritualidad, ofreciendo una comunidad de creyentes, prácticas compartidas y una tradición doctrinal que guía la relación con lo trascendente.

En consecuencia,  la religión puede ser una vía para la expresión y el desarrollo de la espiritualidad, es fundamental reconocer que la espiritualidad trasciende los límites de las instituciones religiosas. La espiritualidad puede manifestarse de diversas formas, incluyendo la conexión con la naturaleza, la práctica de la meditación o la búsqueda de significado y propósito en la vida. La pedagogía de la ternura, con su énfasis en el amor y la compasión, ofrece una perspectiva valiosa para comprender la espiritualidad como una experiencia humana fundamental que puede florecer tanto dentro como fuera de los contextos religiosos tradicionales.

Consideraciones Finales 

La reflexión propuesta en este artículo, que vincula la espiritualidad de la ternura con la urgencia de nuevas pedagogías y la conciencia ecológica, nos invita a trascender las dicotomías tradicionales entre lo humano y lo natural, lo individual y lo colectivo, lo sagrado y lo secular.

La emergencia de nuevas pedagogías, que enfatizan la compasión y la interconexión, resuena con la esencia de la espiritualidad de la ternura. Esta última, al valorar las relaciones interpersonales, la conexión con la naturaleza y el cuidado del mundo, ofrece un marco valioso para repensar nuestra relación con el planeta y con nosotros mismos.

La distinción entre espiritualidad y religiosidad, como se ha explorado, subraya la naturaleza personal y subjetiva de la espiritualidad, en contraposición al carácter institucional de la religión. La espiritualidad de la ternura, al conectar con la trascendencia y la compasión, puede manifestarse en diversas prácticas, desde la meditación hasta el servicio a los demás, sin necesidad de afiliación religiosa.

En un contexto global marcado por la crisis ecológica y la desigualdad social, la espiritualidad de la ternura nos llama a cultivar una conciencia más profunda de nuestra interdependencia con todas las formas de vida. Al reconocer el valor intrínseco de cada ser, desde las especies arbóreas amenazadas hasta nuestros semejantes, podemos construir un futuro más justo y sostenible.

En este sentido, la investigación futura podría explorar con mayor profundidad las intersecciones entre la espiritualidad de la ternura, las nuevas pedagogías y la conciencia ecológica, así como su aplicación en diversos contextos sociales y culturales.

REFERENCIAS CONSULTADAS

Berry, T. (1999). La gran obra: nuestro camino hacia el futuro. Disponible en: https://thomasberry.org/quote/the-great-work-our-way-into-the-future/(Consulta: noviembre 11/2024)

Boff, L. (2022). Situación del mundo: ¿crisis civilizacional, drama o tragedia? Disponible en: https://leonardoboff.org/2022/07/22/situacion-del-mundo-crisis-civilizacional-drama-o-tragedia/(Consulta: noviembre 11/2024)

Boff, L. (1996). La dignidad de la tierra, Madrid:  editorial Trotta.

Boyanic Garden. (s/f). Estado de los àrboles del mundo. https://www.bgci.org/news-events/bgci-launches-the-state-of-the-worlds-trees-report/ (Consulta: noviembre 01 de 2024)

Fuentes, L. (2020). Espiritualidad, Religiosidad y Empatía, factores promotores de salud mental. Tesis Doctoral de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la Pontificia Universidad Católica de Argentina. Disponible en: este enlace. Consulta: noviembre 2024.

Fuentes, L. (2018). La Religiosidad y la Espiritualidad ¿Son conceptos teóricos independientes? Disponible en: este enlace. Consulta: noviembre 2024.

Hernández, PM. (2018).Espiritualidad y educación en la sociedad del conocimiento, en Innovaciones Educativas 20 (28)

Koenig, H.G. (2009). Research on Religion Spirituality, and Mental Health: A Review. Canadian Journal of Psychiatry,54 (5), 283-291

Palacios, C. (2015). La espiritualidad como medio de desarrollo humano. Disponible en: este enlace. Consulta: noviembre 2024.

Rodríguez Fernández, M. I. (2011). ¿Es la espiritualidad una fuente de salud mental o de Psicopatología? Revista Psiquiatría, 2-19. Disponible en: este enlace. Consulta: noviembre 2024.

Smith, R., Smith, T (2006) Ecología. Madrid: Pearson educación, S.A.

Swimme, B. T. (1997). El Cosmos como Revelación primordial. Disponible en: este enlace. Consulta: noviembre 2024.


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